El nuevo milenio incrementó una buena serie de cambios sustanciales dentro de todos los estamentos de la sociedad, en especial aquellos que tienen que ver con aspectos sociales, políticos, económicos, culturales y educativos. En lo que atañe a nosotros los educadores, de todo nuestro país, la Sociedad del Conocimiento nos plantea unos retos, que debemos afrontar ante esta nueva sociedad que tenemos. Algunos de ellos tienen que ver con la de formar individuos autónomos, de mentalidad amplia y flexible, que con los métodos tradicionales o autoritarios nunca los podremos formar. Ante esto, ya se han dado unos pasos importantes. La sociedad colombiana se adelantó y es así que despedimos el siglo XX, con una Constitución nueva y con la Ley 115, conocida como Ley General de Educación, la cual está acondicionada con la nueva Constitución Política de Colombia. Ésta propende por la defensa de los Derechos Humanos y la práctica de una democracia escolar, como base para formar al nuevo ciudadano.
La Constitución del 91, termina con las edades para el reclamo y exigencia de los Derechos. Todos tenemos igualdad de Derechos, lo cual para algunos docentes es difícil concebirlo. ¿Por qué? Hay una respuesta sencilla: todos tenemos fijo en nuestra memoria semántica y muy fuertemente arraigado, el modelo pedagógico tradicional, basado en el autoritarismo, en donde el estudiante era sujeto pasivo, repetitivo y no tenía derecho a cambiar las reglas de juego. Los cambios se pudieron comprender y hacer cuando el estudiante se incorporaba al trabajo, en donde veía la realidad “REAL”, y comprendía que la “Guerra de los Mil Días”, no había durado mil días; que la caja negra de los aviones es de color naranja; que los Derechos Humanos se establecieron en 1789; etc. Así creímos que se debía continuar porque nosotros “dizque” estamos bien formados.
Los que fuimos educados con el régimen autoritario, recordamos con mucho cariño los momentos de ternura y amor que nos brindaron aquellos educadores: los paseos, los juegos en el recreo de entonces, las celebraciones, el sentido de pertenencia que nos infundieron por nuestro salón y escuela, los cantos y bailes folclóricos, las novenas católicas, el amor por lo nuestro, el cumplimiento de nuestros maestros y la exigencia intelectual, así hubiera sido sobre el memorismo. El problema se formaba cuando había que tomar acción sobre algún acto negativo o desmán de un estudiante, que lo solucionaban con el castigo físico sobre todo. Recordemos que esa metodología sólo nos llevó a guardar por dentro una rabia contenida que se manifestó a través de las más grandes huelgas, con estudiantes muertos incluso, que eran respuesta al régimen autoritario y con Consejos Estudiantiles funcionando en la clandestinidad, perseguidos y desaparecidos, de donde surgieron los grandes líderes.
¿Por qué ahora no ha habido o se cuecen por debajo de la mesa esas huelgas desgastadoras? Porque hay, desde 1975 hasta ahora, una nueva mirada frente a los procesos democráticos. Por las experiencias, los docentes empezamos a adoptar y crear modelos pedagógicos que permitieran la participación democrática y es por eso que ahora, se dialoga, está la pedagogía dialogante, se establecen compromisos, se escucha y se sacan conclusiones por participación democrática de toda la Comunidad Educativa y porque después de 1994, según la Ley, el Gobierno Escolar es una instancia para ejercer plenamente la democracia. Cabe anotar, que las huelgas, propiamente no eran por vacíos conceptuales de los docentes, eran contra el modelo de autoritarismo que se vivía.
Al oído de mis colegas docentes, les digo que dentro de estos cambios, nunca hay que perder el Norte de la institución. Ese Norte debe conservar el ORDEN, la DISCIPLINA y la AUTORIDAD. Para, algunos docentes cuando hablamos de democracia, la confunden con la anarquía: hacer lo que le dé la gana a cada quien y cuando hablamos de autoridad la confunden con autoritarismo: uno manda y los demás obedecen. Los tres componentes anteriores no se pueden perder porque se nos cae la educación en nuestra patria y los estudiantes al ver la falta de capacidad de nosotros para mantener el orden, la disciplina y la autoridad se nos “montan” y aquí el futuro de la educación sería fatal e incierto. Una institución o un docente pierden la autoridad, cuando ante la Ley, se le descubre violando algún derecho, por consecuencia nos tutelan y aquí la disciplina se nos viene abajo.
Lo que sucede es que ahora hay que conservar esos tres principios básicos anteriores, aplicando la democracia participativa, por Ley, y erradicando el autoritarismo, El mismo Ministerio de Educación Nacional lo dice: “En resumen, digamos que la sustitución del autoritarismo por la democracia en la escuela, es una condición para hacer formación ciudadana y para lograr que la escuela tenga una orientación que se corresponda con las utopías de la sociedad. Digamos, sin temor a errar, que no es posible pensar una sociedad democrática y participativa con una escuela autoritaria”. En la democracia hay orden, en la democracia se sanciona, se meten en la cárcel a los corruptos, en la democracia hay que respetar la línea de autoridad que impone la comunidad, en la democracia se debe mantener la disciplina como comportamiento social y en la democracia se hace y se respeta lo que dice el colectivo por mayoría. Lo que sucede es que para poder aplicar lo anterior, en una democracia, hay que respetar el derecho al debido proceso, el derecho a la igualdad, el derecho al libre desarrollo de la personalidad, el derecho al trabajo, el derecho a la tutela, el derecho a la educación, etc., etc.
La democracia escolar habla de los derechos; pero su énfasis lo debe hacer sobre los deberes para que como resultado de su cumplimiento afloren los valores. Los estudiantes tienen derecho a la educación, mas se les debe hacer hincapié en los deberes: deber a cumplir con el horario, a cumplir con las tareas, a mantener aseado su pupitre y salón de clase, a no escribir sobre las paredes, a usar adecuadamente los baños y a mantener un aseo correcto de la institución, al igual debe ser la exigencia para el docente y aparecer en el Manual de convivencia. Suena muy paradójico, que un docente sea en estos momentos autoritario y represivo, viendo que todo lo que hemos sacado adelante los docentes, se ha logrado reclamando democracia y respeto por nuestros derechos. Imposible que en el aula no respete los derechos de los estudiantes que son menores de edad. El trabajo de educabilidad se debe iniciar con el trabajo que hace cada docente desde su aula. “Ahora bien, la participación democrática no es posible vivirla en la escuela y convertirla en valores de niños y niñas, si no se practica cotidianamente como un ritual dentro del aula. Porque el aula es el mismo corazón de la escuela, es ese lugar en donde la sangre se renueva constantemente para salir a alimentar y oxigenar todo el organismo”.
Anteriormente, funcionábamos sin tener en cuenta el Código del Menor para establecer “sanciones”, ya sea suspensión temporal o expulsión. Ahora tenemos un Nuevo Código de la Infancia y Adolescencia (Ley 1098 del 08 de noviembre de 2006), en el cual aparecen uno por uno los derechos propios de los estudiantes y el artículo 37 establece las libertades fundamentales de los niños, niñas y adolescentes:”…el libre desarrollo de la personalidad y la autonomía personal; la libertad de conciencia y de creencias; la libertad de cultos, la libertad de pensamiento; la libertad de locomoción y la libertad para escoger profesión u oficio”. Por esto, queridos colegas hay que estar al día con metodologías para disuadir, corregir y reeducar a nuestros alumnos.
La escuela enfrenta un gran reto y es responder con una gran calidad ante estos nuevos rumbos que va tomando nuestra sociedad y así como a los estudiantes les vamos a exigir calidad, respeto y cumplimiento, al igual debemos responder nosotros los docentes. Las responsabilidades son máximas porque ante la descomposición de los hogares, a los docentes nos corresponde hasta asumir el rol de padres y docentes. Sabemos que los docentes ante estos retos sociales, hemos respondido de la mejor manera y seguiremos respondiendo.
Ahora, nos corresponde aplicar una Nueva Ley de Infancia y Adolescencia que está bien elaborada, aunque sabemos que para su implementación se necesitan muchos recursos. Poco a poco, el Estado logrará fortificar las instituciones educativas, engrandecer en todo sentido al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y apoyar a la Policía Nacional para que se fomente la Policía de Infancia y Adolescencia.